En realidad esta palabra se refiere al hecho de decir todas las cosas que se te pasan por la cabeza con la finalidad de que alguna de ellas te sirva para cumplir un objetivo determinado.
Yo, que soy como soy, he decidido utilizar esta palabra con su significado estrictamente literal: tormenta cerebral.
Creo que es una buena manera de calificar el estado de tu cabeza en determinados momentos de tu vida, es decir, cuando estas en una de esas situaciones en las que no entiendes nada, en la que en tu cabeza todo está tan embarullado, revuelto y agitado que eres incapaz de discernir cual es el paso siguiente que has de dar, esas veces en las que sientes como absolutamente TODO está girando sin control, como si en tu cabeza estuviera sucediendo exactamente eso: una tormenta, pero no de esas que se pasan con botas y paraguas, si no de las que son capaces de colapsar hasta el mejor sistema de alcantarillado de una ciudad (pedazo de alcantarilla llena de deshechos es el cerebro, dicho sea de paso).
Cuando en una ciudad ocurre un cataclismo, los servicios de emergencia se ponen rápidamente en funcionamiento para desbloquear las carreteras, evitar que las casa se inunden e intentar rescatar a la gente atrapada por los torrentes de agua.
Bueno, pues tu llamas a los servicios especiales: los amigos, la familia. Piensas que ellos se encargarán precisamente de eso: de desbloquearte.
En muchas ocasiones, los cataclismos son de tal magnitud que los servicios de emergencia emiten un comunicado en el que anuncian que hasta que no mejore la situación climatólógica no podrán continuar su trabajo. Es decir, que cuando salga el Sol, se encargarán de desescombrar y volver a levantar las casas.
A veces, cuando la situación sobrepasa cierto límite, alguien te dice: "tío, lo único que puedes hacer es esperar a que pase el tiempo, y aguantar lo que te venga".
Y ahí te quedas tú, en medio de la tormenta, esperando a que salga el Sol para poder recoger los escombros.
lunes, 5 de octubre de 2009
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