sábado, 5 de septiembre de 2009

De la tristeza al arte.

La frase que me hizo dar vueltas a la cabeza vino de un amigo, en una de tantas conversaciones que habitualmente se pierden en la nada.
"La buena vida", dijo. Y es que este amigo del que os hablo acostumbraba a escribir sus pensamientos y recuerdos con cierta regularidad. Un regalo para aquellos que teníamos la suerte de conocer "La vida según un tipo normal", era aquello.
Bien, el caso es que, preguntándole yo el por qué de su parón en la producción de tales textos, él alegó como única respuesta dicha frase: "la buena vida". A mí me sirvió, era una prueba más de mi secreta y por cierto improductiva teoría de la creación del arte, que evidentemente, y dado el título de esta entrada, os voy a exponer a continuación.

He observado que el ser humano acostumbra a vivir en un letargo intelectual en las épocas de su vida en las que se encuentra tanto física como emocionalmente sano. Fijáos bien, no hay artistas felices, las obras en un porcentaje cercano al 100% siempre rezuman algo de pesimismo, de tristeza o dolor. Hay excepciones, por supuesto, pero no sé hasta qué punto es recomendable crear nada si se ha llegado a la felicidad plena, las consecuencias de la locura feliz pueden llevarnos directamente a los vestidos de Ágata Ruiz de la Prada.

Bueno a lo que iba. Cuando eres feliz estás demasiado ocupado disfrutando de la vida como para ir contándolo. La felicidad no se comparte, no es necesario: nunca he oído a nadie decir que necesita vomitar sus sentimientos de lo feliz que se encuentra. Una persona feliz solo pasea su sonrisa bobalicona y su creencia ciega en que la vida es tan maravillosa como un helado de fresa, o alguna mierda de esas.
El hombre triste, en su eterna búsqueda de desahogo, busca preciosas maneras de llamar la atención de aquellas personas demasiado felices para ver o demasiado tristes para querer escuchar. Esto me lleva a formular mi teoría: "La tristeza es la mayor mecenas del arte", y para demostrarlo, os voy a hacer unas simples preguntas:
¿Qué hubiera escrito Becquer si ella hubiera llorado o él no hubiera callado? Si no fuera de otro como antes de sus brazos, ¿dónde habrían quedado los versos más tristes de Neruda? ¿Acaso Munch gritaba de felicidad?

Lo admito, visto así puede quedar algo demagógico, pero es mi teoría y tengo que defenderla. Por otro lado, si dicha teoría resutase ser cierta, lo que me queda por decir entonces, es que ojalá nunca desaparezcan los hombres tristes.

Un saludo a todos, os deseo páginas en blanco.

JaVaT



P.D. Jorch, espero que la SGAE no me pida nada por haber utilizado el nombre de tu blog.

9 comentarios:

  1. Bueno,esta bien,visto y leido tu pensar tratare de revocartelo(y de paso revocarmelo a mi) e intentare escribir algo pese a la relativa felicidad de mi vida.
    De todas formas,no hay mal(ni bien)que 100 años dure.

    ResponderEliminar
  2. ...ojalá nunca desaparezcan los hombres tristes, consolarlos es de lo mejorcito que hay.

    ResponderEliminar
  3. Tu texto me hace pensar dos cosas deprimentes:
    1. No eres nada feliz en estos momentos
    2. Cuando seas feliz mandarás a la mierda el blog y tus dotes literarias
    Pero a pesar de eso estoy muy de acuerdo contigo, de hecho yo de pequeña escribía mi vida todos los dias (tengo como 8 cuadernos) y ahora solo lo hago cuando estoy deprimida...pero bueno, eso demuestra k no hay mal k por bien no venga!

    ResponderEliminar
  4. De todas formas, es cierto que un cambio de mal a bien hace que posiblemente mandes esto al carajo(habla la voz de la experiencia). Pero ya he empezado a redimirme.

    ResponderEliminar
  5. javat!! cm me alegra ver tu blog! me gusta tu estilo escribiendo :P
    jorge cuentanos tus alegrías!! q se echa de menos tus entradas.

    ResponderEliminar
  6. Quien es este/a loneliness? Ya he vuelto!

    ResponderEliminar
  7. haz la traducción!! y lo sabrás xD

    ResponderEliminar
  8. Muy ingeniosa si señor.Quien iba a decir hace dos o tres años que nos la jugarias en ese idioma...

    ResponderEliminar
  9. No estoy de acuerdo con tu teoría.

    Sólo el imbécil o el cómodo descuida su pesimismo cuando vive momentos de relativa felicidad. Igual que cuando se pasan malas rachas hay que aprender a no despreciar el optimismo. El equilibrio entre esas dos sensaciones suele darnos una visión real de las cosas.

    En cualquier caso, la propia vida suele enseñarnos a ponernos en guardia antes o después, supongo.

    De todos modos, la parte pasional nunca debería anular totalmente a la racional. Eso es un peligro que conlleva grandes cagadas. Y si no eres ningún artista para poder plasmar tu dolor y tu depresión en alguna obra, date enteramente por jodido (de lo contrario aún puedes sacar algo de pasta o un reconocimiento, aunque sea después de haberla palmado).

    Saludos.

    ResponderEliminar